Del Tennis Club al San Martín, de allí al Chaco y posteriormente Buenos Aires, para terminar recalando en Francia. Allí María Virginia encontró su lugar en el mundo para llevar adelante su pasión y ahora soñar con devolverle a Argentina una top ten.
María Virginia Bosch dejó de ser una promesa en el tenis correntino para dar el salto a nivel mundial destacándose en los torneos de Francia. A pesar de su corta edad, le tocó tomar diferentes situaciones para marcar el rumbo de su vida deportiva que hoy la deposita se encuentra entre las mejores tenistas argentinas.
Los mensajes de Whatsapp cruzados permiten intercambiar durante días momentos de la historia de María Virginia Bosch. La deportista correntina se encuentra en Francia, y a pesar de que se esté tomando unos días de vacaciones luego de su último torneo, sigue pensando en el deporte que tanto ama: el tenis.
“Virgi”, como le dicen sus amigas y familia, tiene 21 años. Se inició en el deporte a los 8 años por intermedio de un amigo de su papá, Alfredo Blanc, y desde entonces no volvió a soltar una raqueta de tenis. Sus primeros entrenamientos tuvieron lugar en la escuelita de Corrientes Tennis Club, y a pesar de que entrenaba tres días a la semana, el tiempo no le era suficiente para saciar su amor al tenis. Es así como no se desprendía de la raqueta y continuaba peloteando en el garaje del edificio Las Terrazas de la Costa, en el que vivía.
“Los fines de semana estaba todo el día con la raqueta y me iba al garaje del edificio en el que me pasaba dos o tres horas tranquila con una pelotita pegándole a la pared. Me acuerdo que un día llovía y fui igual. La lluvia me mojó la pelotita, pero yo seguí pegándole igual a la pared. No me había dado cuenta que había quedado toda marcada con la huella de la pelotita, y pasó de ser blanca, a negra”, recuerda “Virgi” a través de un audio a miles de kilómetros riéndose de la anécdota que sucedió hace más de 13 años.
Si bien practicó diferentes deportes, formando parte incluso del equipo de vóley y cestoball del colegio San José, y teniendo además un buen aprecio por la carrera en posta, el tenis siempre terminó siendo más fuerte en su vida. Es así como tuvo que tomar la primera decisión grande de su vida a los 15 años: el tenis o la escuela.
“A los 14 o 15 años comencé a ver el tenis de distinto, porque empecé a competir cada vez más y a requerir cada vez más entrenamientos. Pero también comencé con la época de los 15, y no me quería perder un 15. Con el tiempo me fui dando cuenta que las dos cosas no van de la mano, que si salía todo el fin de semana después el lunes no estaba en la misma forma que si no salía”, comenta seriamente como una adulta con mucha experiencia, pero aún siendo tan solo una joven talentosa.
Por aquel tiempo “Virgi” ya había dejado el Corrientes Tennis Club, y si bien tuvo un paso breve por el Club San Martín, decidió irse a entrenar al Chaco en la Academia Match Point de Rubén Re. Su crecimiento deportivo iba mucho más rápido que todo lo demás, terminando el Sub 14 y Sub 16 en primer lugar del ranking provincial. En los registros nacionales llegó a ocupar el puesto 45 y 60 respectivamente, llegando a la Confederación Sudamericana de Tenis (COSAT) con un resultado histórico al ocupar el puesto número 60.
La exigencia era máxima, y los entrenamientos cada vez requerían más atención y competencia de nivel. Es así como llegó la segunda decisión importante en la vida de la joven: irse a vivir a Buenos Aires y cambiarse a un colegio nocturno para entrenar doble turno la parte física y técnica del tenis. Iniciaba así su nueva etapa en el Club de Gimnasia y Esgrima (GEBA) con sus entrenadores que hasta hoy la acompañan a la distancia: Claudio Sosa, Diego Stambulsky, Adrián Greppi y Claudio Gastaldi.
“Creo que una vez que fui a Buenos Aires fue que empecé a ver el tenis de una manera más profesional porque junto con los profesores de ahí me ayudaron a ver el tenis de una forma más seria”, cuenta “Virgi” convencida de que la decisión tomada le abrió muchas nuevas puertas en el deporte.
Sin embargo, la vida de un tenista es mucho más difícil que cualquier otra, teniendo que afrontar todo muchas veces en la soledad a partir del individualismo que deja el deporte en sí. Esto no sería diferente en Virginia, y mucho menos en la edad de adolescencia en el que las tentaciones son algo común. Y a pesar de que su mamá y hermana sean psicólogas, la ayuda no fue suficiente a los 18 años cuando estuvo a punto de dejar el tenis por unos malos resultados. La tentación de querer dejarlo todo y volverse era muy grande, pero nuevamente la raqueta pudo más que el corazón y la hizo volver a mirar para adelante.
“Ese año no me fue tan bien como esperábamos que me vaya, y muchas veces quise volverme. Pero miraba todo el sacrificio que había hecho y me decía ‘hay que seguir, hay que seguir’. Yo veía los progresos, pero no los resultados. Hasta que entendí que los resultados son sólo una añadidura del trabajo duro bien hecho. Esa frase que tanto se usa es cierto: el trabajo duro paga, es verdad”.
Y efectivamente el trabajo pagó. Luego de sacar su primer punto profesional en 2016 jugando un dobles de la WTA (Asociación de Tenis Femenino) que se realizo en Buenos Aires, inició una gira por Turquía en el 2017, tras lo cual llegó el momento de volver a tomar una decisión fuerte: irse a Francia. Con sus entrenadores decidieron que era una buena oportunidad para competir con otras chicas de su nivel, y así sumar puntos en el ranking europeo.
No se volvieron a equivocar, y así Virginia se llevó cuatro torneos franceses en los últimos tres años. Su nivel fue tal que el equipo francés ASCBR Cherburg la contrató este año para jugar en el Nacional 3. Así desde París cuenta su historia que básicamente se basa en el deporte, porque su vida es casi todo tenis y es lo que siente y quiere mostrar.
Las fuerzas para seguir adelante están y se mantienen. Quizás por ahí puede haber una caída, pero la psicología está presente en la vida de “Virgi” y es así como intercambia sus problemas por skype con su psicólogo Carlos Da Costa Oliveira. Los libros de autoestima la contienen en momentos de soledad en un país con diferente idioma, mientras el jazz la abraza para encontrarse a sí misma. En algunas noches el teléfono le ofrece un mimo al hacer feedtimes con su grupo de 13 amigas en alguna juntada. Y las ganas de seguir progresando siguen ligadas a Argentina, permitiéndose grabar videos de algún golpe en el que se siente insegura para mandárselo a su coach y escuchar sus observaciones.
La rutina sigue siendo la misma de siempre. Entrenamiento por la mañana de una hora o dos de tenis; una hora y media de físico. Por la tarde dos horas de físico, y una hora de elongación y yoga. Su profesionalismo impresiona, y es así como a pesar de su corta edad confiesa que prefiere no salir de fiesta durante todo el año para no perjudicar sus entrenamientos.
“La verdad que para mí fue un buen equilibrio ese, y creo que estuve bien, porque estando en Buenos Aires me lo tomaba en serio. Y cuando estaba en Corrientes me sacaba el gusto de todo”. Virginia aprendió a convivir con el deporte y tomó su decisión desde la primera vez que agarró la raqueta a los 8 años. Ahora el sueño de ser profesional y vivir del deporte ya está cumplido, sin embargo va aún por más y promete devolver a Argentina a una top en el ranking mundial.
Fuente: Diario Epoca
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María Virginia Bosch dejó de ser una promesa en el tenis correntino para dar el salto a nivel mundial destacándose en los torneos de Francia. A pesar de su corta edad, le tocó tomar diferentes situaciones para marcar el rumbo de su vida deportiva que hoy la deposita se encuentra entre las mejores tenistas argentinas.
Los mensajes de Whatsapp cruzados permiten intercambiar durante días momentos de la historia de María Virginia Bosch. La deportista correntina se encuentra en Francia, y a pesar de que se esté tomando unos días de vacaciones luego de su último torneo, sigue pensando en el deporte que tanto ama: el tenis.
“Virgi”, como le dicen sus amigas y familia, tiene 21 años. Se inició en el deporte a los 8 años por intermedio de un amigo de su papá, Alfredo Blanc, y desde entonces no volvió a soltar una raqueta de tenis. Sus primeros entrenamientos tuvieron lugar en la escuelita de Corrientes Tennis Club, y a pesar de que entrenaba tres días a la semana, el tiempo no le era suficiente para saciar su amor al tenis. Es así como no se desprendía de la raqueta y continuaba peloteando en el garaje del edificio Las Terrazas de la Costa, en el que vivía.
“Los fines de semana estaba todo el día con la raqueta y me iba al garaje del edificio en el que me pasaba dos o tres horas tranquila con una pelotita pegándole a la pared. Me acuerdo que un día llovía y fui igual. La lluvia me mojó la pelotita, pero yo seguí pegándole igual a la pared. No me había dado cuenta que había quedado toda marcada con la huella de la pelotita, y pasó de ser blanca, a negra”, recuerda “Virgi” a través de un audio a miles de kilómetros riéndose de la anécdota que sucedió hace más de 13 años.
Si bien practicó diferentes deportes, formando parte incluso del equipo de vóley y cestoball del colegio San José, y teniendo además un buen aprecio por la carrera en posta, el tenis siempre terminó siendo más fuerte en su vida. Es así como tuvo que tomar la primera decisión grande de su vida a los 15 años: el tenis o la escuela.
“A los 14 o 15 años comencé a ver el tenis de distinto, porque empecé a competir cada vez más y a requerir cada vez más entrenamientos. Pero también comencé con la época de los 15, y no me quería perder un 15. Con el tiempo me fui dando cuenta que las dos cosas no van de la mano, que si salía todo el fin de semana después el lunes no estaba en la misma forma que si no salía”, comenta seriamente como una adulta con mucha experiencia, pero aún siendo tan solo una joven talentosa.
Por aquel tiempo “Virgi” ya había dejado el Corrientes Tennis Club, y si bien tuvo un paso breve por el Club San Martín, decidió irse a entrenar al Chaco en la Academia Match Point de Rubén Re. Su crecimiento deportivo iba mucho más rápido que todo lo demás, terminando el Sub 14 y Sub 16 en primer lugar del ranking provincial. En los registros nacionales llegó a ocupar el puesto 45 y 60 respectivamente, llegando a la Confederación Sudamericana de Tenis (COSAT) con un resultado histórico al ocupar el puesto número 60.
La exigencia era máxima, y los entrenamientos cada vez requerían más atención y competencia de nivel. Es así como llegó la segunda decisión importante en la vida de la joven: irse a vivir a Buenos Aires y cambiarse a un colegio nocturno para entrenar doble turno la parte física y técnica del tenis. Iniciaba así su nueva etapa en el Club de Gimnasia y Esgrima (GEBA) con sus entrenadores que hasta hoy la acompañan a la distancia: Claudio Sosa, Diego Stambulsky, Adrián Greppi y Claudio Gastaldi.
“Creo que una vez que fui a Buenos Aires fue que empecé a ver el tenis de una manera más profesional porque junto con los profesores de ahí me ayudaron a ver el tenis de una forma más seria”, cuenta “Virgi” convencida de que la decisión tomada le abrió muchas nuevas puertas en el deporte.
Sin embargo, la vida de un tenista es mucho más difícil que cualquier otra, teniendo que afrontar todo muchas veces en la soledad a partir del individualismo que deja el deporte en sí. Esto no sería diferente en Virginia, y mucho menos en la edad de adolescencia en el que las tentaciones son algo común. Y a pesar de que su mamá y hermana sean psicólogas, la ayuda no fue suficiente a los 18 años cuando estuvo a punto de dejar el tenis por unos malos resultados. La tentación de querer dejarlo todo y volverse era muy grande, pero nuevamente la raqueta pudo más que el corazón y la hizo volver a mirar para adelante.
“Ese año no me fue tan bien como esperábamos que me vaya, y muchas veces quise volverme. Pero miraba todo el sacrificio que había hecho y me decía ‘hay que seguir, hay que seguir’. Yo veía los progresos, pero no los resultados. Hasta que entendí que los resultados son sólo una añadidura del trabajo duro bien hecho. Esa frase que tanto se usa es cierto: el trabajo duro paga, es verdad”.
Y efectivamente el trabajo pagó. Luego de sacar su primer punto profesional en 2016 jugando un dobles de la WTA (Asociación de Tenis Femenino) que se realizo en Buenos Aires, inició una gira por Turquía en el 2017, tras lo cual llegó el momento de volver a tomar una decisión fuerte: irse a Francia. Con sus entrenadores decidieron que era una buena oportunidad para competir con otras chicas de su nivel, y así sumar puntos en el ranking europeo.
No se volvieron a equivocar, y así Virginia se llevó cuatro torneos franceses en los últimos tres años. Su nivel fue tal que el equipo francés ASCBR Cherburg la contrató este año para jugar en el Nacional 3. Así desde París cuenta su historia que básicamente se basa en el deporte, porque su vida es casi todo tenis y es lo que siente y quiere mostrar.
Las fuerzas para seguir adelante están y se mantienen. Quizás por ahí puede haber una caída, pero la psicología está presente en la vida de “Virgi” y es así como intercambia sus problemas por skype con su psicólogo Carlos Da Costa Oliveira. Los libros de autoestima la contienen en momentos de soledad en un país con diferente idioma, mientras el jazz la abraza para encontrarse a sí misma. En algunas noches el teléfono le ofrece un mimo al hacer feedtimes con su grupo de 13 amigas en alguna juntada. Y las ganas de seguir progresando siguen ligadas a Argentina, permitiéndose grabar videos de algún golpe en el que se siente insegura para mandárselo a su coach y escuchar sus observaciones.
La rutina sigue siendo la misma de siempre. Entrenamiento por la mañana de una hora o dos de tenis; una hora y media de físico. Por la tarde dos horas de físico, y una hora de elongación y yoga. Su profesionalismo impresiona, y es así como a pesar de su corta edad confiesa que prefiere no salir de fiesta durante todo el año para no perjudicar sus entrenamientos.
“La verdad que para mí fue un buen equilibrio ese, y creo que estuve bien, porque estando en Buenos Aires me lo tomaba en serio. Y cuando estaba en Corrientes me sacaba el gusto de todo”. Virginia aprendió a convivir con el deporte y tomó su decisión desde la primera vez que agarró la raqueta a los 8 años. Ahora el sueño de ser profesional y vivir del deporte ya está cumplido, sin embargo va aún por más y promete devolver a Argentina a una top en el ranking mundial.
Fuente: Diario Epoca
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